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María del Carmen Pérez

María del Carmen Pérez contemplando un campo de girasoles en Burgos
María del Carmen Pérez contemplando un campo de girasoles en Burgos

LA ARTISTA

Una forma de mirar

Antes que una técnica o un estilo, hay una mirada. La de María del Carmen se ha formado entre lugares, experiencias y paisajes muy distintos, conservando siempre una especial sensibilidad hacia la naturaleza, el color y la belleza. La pintura, presente desde su infancia, se convirtió con los años en el lenguaje con el que expresar aquello que despierta su curiosidad, la emociona o permanece en su memoria.

María del Carmen Pérez durante su etapa profesional en el laboratorio
María del Carmen Pérez durante su etapa profesional en el laboratorio

SU ETAPA CIENTÍFICA

Del laboratorio al lienzo

Antes de dedicarse plenamente a la pintura, María del Carmen construyó una trayectoria profesional muy distinta en el ámbito científico. Se licenció en Química por la Universidad de Granada y continuó su formación con un máster en Biotecnología, desarrollando su trabajo de investigación en el Departamento de Química Orgánica de la Facultad de Ciencias.

Aquella etapa la llevó a continuar su carrera investigadora con el doctorado y a obtener una beca FPU de Formación de Profesorado Universitario. Durante esos años compaginó el trabajo en el laboratorio con la docencia a alumnos de la Universidad de Granada, avanzando en una carrera académica a la que había dedicado buena parte de su formación y de su vida profesional.

María del Carmen Pérez trabajando en varias de sus pinturas en su estudio.
María del Carmen Pérez trabajando en varias de sus pinturas en su estudio.

UN CAMBIO NECESARIO

Cuando la pintura se convirtió en refugio

La pintura había acompañado a María del Carmen desde niña. Incluso durante sus años universitarios continuó formándose por su cuenta mediante cursos, talleres y un aprendizaje constante, aunque la exigencia de su carrera científica fue dejando cada vez menos espacio para los pinceles.

La enfermedad de su madre cambió profundamente aquella vida. El diagnóstico de Alzheimer precoz la llevó a replantearse sus prioridades y a tomar conciencia de algo que acabaría marcando sus decisiones: que el tiempo es probablemente el recurso más valioso que tenemos.

Decidió entonces abandonar una trayectoria profesional construida durante años para dedicarse al cuidado de su madre. Fue una decisión que alteró por completo el rumbo que había seguido hasta entonces y que devolvió también a la pintura el espacio que nunca había perdido del todo.

Pintar le permitió compatibilizar los cuidados de su madre con una actividad profesional, pero significó mucho más que eso. En una etapa especialmente difícil encontró en la pintura un refugio, un desahogo y una forma de expresar aquello que resultaba difícil poner en palabras.

Aquella experiencia transformó también su manera de entender la vida. Dejar atrás el camino profesional que parecía más lógico y seguro le permitió descubrir otra forma de vivir y trabajar, más cercana a aquello que realmente quería hacer.

Desde entonces, la pintura ya no volvería a quedar en segundo plano.

María del Carmen Pérez junto a una de sus pinturas en el entorno rural de Burgos.
María del Carmen Pérez junto a una de sus pinturas en el entorno rural de Burgos.

UN NUEVO ENTORNO

La naturaleza, cada vez más cerca

El fallecimiento de su madre cerró una etapa profundamente importante en la vida de María del Carmen. Los años dedicados a acompañarla y cuidarla habían transformado también su manera de entender el tiempo, las prioridades y aquello que realmente quería hacer con su vida. Su pérdida coincidió con un momento de grandes cambios y con el comienzo de una nueva etapa.

Durante los años de la pandemia surgió la oportunidad de buscar un nuevo lugar donde continuar ese camino. María del Carmen encontró en una pequeña aldea de Burgos un entorno especialmente ligado a la naturaleza y a la vida rural. Lo que en principio debía ser una estancia temporal terminó convirtiéndose en un nuevo hogar y en el comienzo de una etapa decisiva tanto en su vida como en su pintura.

Los campos, los bosques, el paso de las estaciones y el paisaje a las puertas de casa pasaron a formar parte de su día a día. La vida rural le permitió descubrir una relación mucho más directa con la naturaleza, hecha de pequeñas cosas cotidianas y de una observación constante del entorno.

Ese nuevo escenario reforzó una sensibilidad que ya estaba presente en su pintura. El color, la luz, los árboles y los espacios abiertos adquirieron cada vez mayor presencia, mientras la naturaleza dejaba de ser únicamente un motivo pictórico para convertirse también en el lugar desde el que creaba.

Fue también en este entorno rural donde su pintura comenzó a encontrar un público cada vez más cercano. Llegaron las primeras exposiciones en la comarca, las clases y nuevos encargos. La pintura dejaba así de pertenecer únicamente a su ámbito personal para comenzar a construirse también como una actividad profesional y una forma de compartir su trabajo con los demás.

Iglesia de San Esteban de Villambistia, por María del Carmen Pérez.
Iglesia de San Esteban de Villambistia, por María del Carmen Pérez.

UNA PINTURA EN CONSTANTE BÚSQUEDA

Libertad para crear

María del Carmen siempre ha entendido la pintura como un camino abierto y una forma de expresión en constante evolución. Su trabajo nace de la curiosidad y del deseo de experimentar: probar técnicas, combinar materiales, descubrir nuevas texturas y buscar distintas maneras de llevar al lienzo aquello que imagina.

Su obra se mueve con naturalidad entre lo figurativo y lo abstracto, y aborda temas y registros muy diferentes. Paisajes, figuras, arquitectura, naturaleza, escenas históricas o composiciones más intuitivas conviven en una obra en la que el color y la luz ocupan casi siempre un lugar esencial.

Esa libertad también se refleja en su manera de trabajar. No existe una fórmula que se repita cuadro tras cuadro: cada obra puede requerir pinceles, espátulas, veladuras, materia o procedimientos completamente distintos. La técnica se adapta a aquello que quiere representar o expresar, y no al contrario.

A pesar de esa variedad de técnicas, temas y registros, sus obras mantienen un vínculo entre ellas. El color, la luz, la naturaleza y una particular manera de entender la belleza han ido construyendo con los años un lenguaje propio. Su pintura tiene una identidad y personalidad muy reconocibles.

Paisaje de María del Carmen Pérez con un árbol solitario, una figura sentada y un cielo cálido
Paisaje de María del Carmen Pérez con un árbol solitario, una figura sentada y un cielo cálido
«Mirada desde el Pasado», obra de María del Carmen Pérez.
«Mirada desde el Pasado», obra de María del Carmen Pérez.
Mujer sentada frente al mar, obra de María del Carmen Pérez.
Mujer sentada frente al mar, obra de María del Carmen Pérez.
Los Pilares de la Creación, por María del Carmen Pérez.
Los Pilares de la Creación, por María del Carmen Pérez.
Mujer con maleta observando un avión, obra de María del Carmen Pérez.
Mujer con maleta observando un avión, obra de María del Carmen Pérez.
María del Carmen Pérez junto a una de sus obras.
María del Carmen Pérez junto a una de sus obras.

MÁS ALLÁ DEL LIENZO

La pintura llevada a otros objetos

La inquietud creativa de María del Carmen no termina en el lienzo. Con el tiempo, su pintura ha encontrado también otros soportes: abanicos, joyeros, piezas de joyería y otras creaciones que transforma mediante el color y el trabajo realizado a mano.

Estas piezas no nacen como algo separado de su obra, sino como otra manera de trasladar su lenguaje artístico a nuevos soportes. Cada superficie ofrece posibilidades diferentes y le permite experimentar con técnicas, formas y colores, manteniendo siempre el carácter único de una creación realizada individualmente.

Dentro de esta faceta destaca especialmente su joyería artística, una vertiente de su trabajo que llama especialmente la atención y ha encontrado una gran acogida entre el público. Cada pieza es pintada a mano y concebida como una creación única, trasladando parte de su universo pictórico a un soporte diferente.

Entre sus distintas colecciones ocupa un lugar especial la inspirada en la cerámica granadina de Fajalauza. Nacida de sus recuerdos y de su vínculo con Granada, recupera colores y motivos de una tradición presente en su memoria desde la infancia y los transforma, a través de su propia pintura, en piezas de arte únicas.

Portalápices de temática japonesa pintado a mano por María del Carmen Pérez.
Portalápices de temática japonesa pintado a mano por María del Carmen Pérez.
María del Carmen Pérez con abanico pintado a mano.
María del Carmen Pérez con abanico pintado a mano.
Joyería Fajalauza pintada a mano por María del Carmen Pérez.
Joyería Fajalauza pintada a mano por María del Carmen Pérez.
Joyero de temática japonesa pintado a mano por María del Carmen Pérez.
Joyero de temática japonesa pintado a mano por María del Carmen Pérez.